martes, 4 de abril de 2017

ARQUITECTURA BARROCA FRANCESA



En los inicios del siglo XVII, durante el reinado de Enrique IV (1589-1610) la preocupación de la monarquía fue la reconstrucción de las ciudades, asoladas por las guerras de religión y civiles entre católicos y hugonotes y que rematan cuando Enrique IV se convierte al catolicismo (“París bien vale una misa”) en 1593.
París debe recuperarse como capital indiscutible y ser el lugar que ofrezca a nobleza y burguesía mayor seguridad que la antigua ciudad medieval.
 Con formas simples y elegantes, surgen grandes plazas en torno a las cuales se disponen viviendas particulares: Plaza de los Vosgos (1605), Plaza del delfín (1607), Place Vendôme, todas con una clara simbología absolutista.
Tomando como modelo la Plaza de los Vosgos, todas las viviendas tienen fachadas uniformes, configurando una amplia plaza de planta cuadrada presidida por la efigie del rey. Este modelo se extiende a todas las ciudades francesas.
En la ciudad se abren anchas avenidas radiales, convergentes hacia las plazas.
Con Luis XIII y el cardenal Richelieu se consolida la monarquía absolutista francesa y parís, con la mejora de la economía, se llena de obras de Lemercier y Mansart, los grandes arquitectos que reinterpretan el barroco italiano y crean “hoteles” o viviendas y elegantes palacetes con jardines.
Jacques Lemercier (1585-1654) se formó en Roma. Luis XIII le encargó la ampliación del Louvre. Lemercier fue el arquitecto que mejor asimiló las formas del barroco italiano, sobre todo siguiendo el modelo del Gesú de Roma. En 1636-1642 realiza la Iglesia de la Sorbona de París, inspirada en los modelos romanos, con fachada dispuesta en dos órdenes superpuestos y planta con una magnífica cúpula central.
Place Vêndome
Su prestigio le convirtió en arquitecto de moda.
François Mansart (1598-1666), arquitecto fecundo, realiza proyectos importantes como el Castillo de Blois para el hermano del rey o el de Maissons-Laffitte.
Con la llegada al poder de Luis XIV en 1661, el deseo de dotar de grandiosidad a la arquitectura francesa lleva a fundas numerosas academias de Artes. La expresión del Absolutismo se consigue en arquitectura con modelos lógicos, claros y monumentales, pero sin excesos. Este “clasicismo francés “oficialista es una forma más del barroco.
Plaza de los Vosgos
Jules Hardouin-Mansart , protegido del ministro Colbert , es nombrado arquitecto real en 1675. Sus obras más importantes son las Place Vendôme y la de las Victorias en París y la iglesia de los Inválidos o la Capilla de Versalles.
La Iglesia de los Inválidos presenta planta de cruz griega con capillas circulares en las esquinas, que comunican por estrechas aberturas con el cuerpo central. El altar mayor es una variante del baldaquino de Bernini. El exterior, más clásico, desarrolla la verticalidad y está dominado por la grandiosa cúpula.
En Versalles se convirtió en el principal arquitecto y además de en la capilla o en el edificio principal, participó en la construcción del Grand Trianon.
El barroco italiano fue rechazado en Francia, al igual que los tres proyectos de Bernini para la reforma del Louvre. Perrault en cambio desarrolla un proyecto de marcado aspecto clasicista, con un cuerpo alto de columnas pareadas, en contraste con los ricos interiores.



Iglesia de los Inválidos

Maissons Laffite



Louvre, fachada de Perrault

EL BARROCO CORTESANO FRANCÉS: VERSALLES

Frente al Barroco italiano y español que son esencialmente religiosos, el francés será sobre todo cortesano, es decir, impulsado por los reyes y su gobierno. De esta manera reflejan su poderío y su influencia sobre las gentes basándose en el hecho de que gobernaban por derecho divino.

En este sentido el monarca que más se distinguió fue Luis XIV que incluso llamó a Bernini para que colaborara con el gran proyecto de construcción del palacio de la corte, proyecto que nunca se llegó a realizar aunque sí otro totalmente distinto que se iba a convertir en el símbolo de su inmenso poder: Versalles, construido entre 1660 y 1680 en proporciones gigantescas y enmarcado por un extraordinario jardín lleno de árboles, terrazas, estanques de varios kilómetros cuadrados de extensión.
Su barroquismo está más en las proporciones que en los detalles ornamentales,pero con todo es el símbolo del Barroco francés. En tiempos de Luis XIII era un pabellón de caza pero Luis XIV vio en el lugar el más apropiado para plasmar su absolutismo y con la idea de construir algo que dominara la naturaleza. Llama a Louis Le Vau que construye el bloque central en forma de U y con elementos tan clásicos como el almohadillado en la base, columnas jónicas en el medio y pilastras y otros motivos decorativos secundarios que son los que rompen la monotonía de una fachada que por ser tan amplia con formas clásicas quedaría demasiado austera.
Algo más tarde Hardouin-Mansart prolongó la fachada con dos alas que forman un ángulo recto: la de la izquierda para los príncipes y la derecha para los despachos. Hardouin- Mansart además añade a la fachada principal la balaustrada con florones y estatuas que aún conserva hoy.


Las habitaciones reales están en pleno eje central del conjunto, siguiendo la simbología centralista de la monarquía francesa.
La Capilla, construida por Hardouin-Mansart, es independiente del palacio. Lleva una tribuna con columnas destinada a que el monarca siguiera desde aquí los oficios religiosos. Aunque muy lejos de ser medieval, su estructura y distribución se inspira en las iglesias de este período.


El conjunto más impresionante de palacio es el llamado gran apartamento que comprende ocho salones, cada uno decorado con una iconografía diferente siempre con la misma idea de resaltar la monarquía absoluta. La mayoría de estos salones fueron decorados por un gran equipo de arquitectos, escultores y pintores dirigidos por Le Brun. Es Le Brun el que realiza el Salón de los Espejos (1678), en el primer piso en el centro de la fachada que mira al parque; el jardín entra por las ventanas y se refleja en los espejos que cada una de ellas tiene enfrente. Arquitectura y paisaje se funden en un espectáculo sin precedentes de impresionantes juegos lumínicos.

Salón de los Espejos y todo el conjunto de Versalles hacen alusión al Sol por ser éste un símbolo de la monarquía absoluta de Luis XIV. Es un pequeño universo cuyo centro estaría situado en el parque, en la Gruta de Tetis. Allí el Sol descansaría después de haber dado la vuelta la Tierra y esto quedaría plasmado en un grupo escultórico hecho por Girardon. La idea y trazado del magnífico jardín se debe al diseñador de jardines Le Notre que también diseñó el de Hampton Court en Inglaterra o el de la Villa Doria Pamphili en Roma entre otros. Es un jardín de trazados regulares, en plazas con terrazas con surtidores y parterres geométricos que parecen extenderse infinitamente.
Todo el conjunto causó gran impacto en Europa y cada príncipe o rey deseó tener su propio Versalles lo que provocó la transformación de ciudades y paisajes.

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