martes, 3 de marzo de 2015

ESCULTURA BARROCA ITALIANA

La imagen va a cobrar un auge asombroso en el barroco dado su enorme poder de persuasión. La imagen religiosa , al ser contemplada, induce a la devoción. Pero también hay imágenes retóricas fruto de la razón y de la reflexión intelectual. 
La escultura va a perder su independencia nuevamente y a aunarse con la arquitectura y la pintura buscando integrar al espectador.
La escultura barroca va a ser dinámica, abierta, en movimiento. Busca el efecto teatral y dramático para emocionar al espectador escogiendo para ello momentos llenos de tensión, con gestos grandilocuentes. Se estudia la anatomía pero también la psicología de los personajes. Los materiales preferidos van a ser mármoles polícromos , bronces dorados que simulan las distintas calidades de los objetos y de los cuerpos.
Los temas más representados van a ser , al calor de la Contrarreforma, los religiosos , con preferencia de martirios o éxtasis. Pero en Italia, fiel siempre a la herencia del clasicismo, sigue cobrando un enorme valor la temática mitológica.
Stefano Maderno es el primer escultor que intenta superarlos principios renacentistas. Santa Cecilia es su gran obra, una escultura  que a pesar de ser manierista tiene ya una tetaral e impactante puesta en escena: representa a esta mártir que fue hallada en 1599, con el tajo de la espada del verdugo en el cuello, oculta su rostro hacia el suelo y el cabello envuelve la cabeza ladeada. La coloca sobre un sarcófago abierto ligeramente en el lateral , contribuyendo así a la fuerte carga dramática que se desprende de esta delicada figura.

Santa Cecilia, Stefano Maderno, 1600

Gian Lorenzo Bernini es el escultor más importante del barroco italiano y europeo. Su perfecto dominio de la técnica, con la que consigue conferir a los materiales con los que trabaja, las características de lo que representa , le convierten en el máximo intérprete de un barroco teatral y efectista al servicio de la Contrarreforma. Hombre iracundo y profundamente religioso, fue el artista total, arquitecto, escenógrafo, dramaturgo,   pintor pero sobre todo escultor. En Roma realizó conjuntos urbanísticos, fuentes  pero también retratos, monumentos funerarios , temas religiosos y mitológicos. Su genio lo convirtió en un referente de la escultura occidental durante más de un siglo, al igual que lo había sido su predecesor, Miguel Ángel. 
Su imaginación, creatividad y capacidad de trabajo se unieron a la suerte de encontrar a papas como mecenas, incluso algunos poco favorables a ejercer como tales, como Inocencio X. Bernini combinó el punto de vista monofocal del renacimiento con la plasmación del instante, el realismo en las calidades de los materiales representados rompiendo las restricciones que imponía el trabajo en un bloque de mármol. Sus grandes virtudes fueron la capacidad para reflejar el movimiento y la emoción.

En sus primeras obras estudia la escultura helenística y por ello escoge la temática mitológica. Prueba de ello es Apolo y Dafne, realizada entre 1622 y 1625 . Recoge el mito según el cual la ninfa Dafne se convirtió en laurel para escapar del dios Apolo, basado en un episodio de las Metamorfosis de Ovidio. Apolo se habría enamorado de Dafne. Sin embargo, ella había renunciado al matrimonio. Tras perseguirla apasionadamente , Dafne pidió ayuda a su padre que la transformó en laurel. Desde ese momento Apolo hizo del laurel su árbol sagrado.
Apolo y Dafne, Bernini, 1622-25

Bernini escoge el  preciso instante en que Dafne comienza a transformarse en laurel. Ambos jóvenes aparecen idealizados pero el momento escogido se representa con gran realismo. Se capta la fugacidad del instante. Dafne refleja miedo en el rostro al sentir la proximidad de Apolo. Él en cambio, se muestra sorprendido ante la transformación.
La escultura está concebida para ser observada desde un solo punto de vista, principio renacentista que se ve supeditado al trabajo en un bloque, que sin embargo Bernini cambió al añadir más bloques que confirieran movimiento en inserción en el espacio. 
Bernini se preocupó también por el efecto de la luz en la escultura, contrastando superficies muy pulidas en los cuerpos con otras talladas. La base de roca da paso a la áspera corteza del árbol en la que se está convirtiendo el suave cuerpo de la ninfa. El suave cabello de Dafne se transforma en hojas que se entrelazan con las ramas que salen de sus manos.
Los cuerpos componen una marcada diagonal, que realza la sensación de movimiento. 
Bernini se mostró orgulloso de las cotas de perfección alcanzada en esta obra.  
De esta época también es el David, muy alejado de los planteamientos de Miguel Ángel, ya que representa a un hombre maduro en el mismo momento de arrojar la piedra. 

Todo el cuerpo está tensionado, desde los pies que se agarran a la roca, las piernas el tronco girado, los brazos, el cuello llegando al rostro, con el gesto   concentrado en el esfuerzo: labios contraídos, fosas nasales dilatadas, ceño fruncido y mirada determinada. Una vez más vuelve a escoger un momento fugaz y culminante, dando como resultado una obra de gran dinamismo.

Tras estas obras Bernini recibió gran cantidad de encargos, entre ellos muchos retratos que van desde los más cercanos a los más solemnes, como el busto de Luis XIV o el del cardenal Scipione Borghese.

En la tumba de Urbano VIII en San Pedro del Vaticano crea una composición triangular con mezcla de colores y materiales: mármoles, bronces…En la parte superior el papa y en la inferir alegorías de la justicia y la caridad. Este tipo de monumento funerario crea un modelo a seguir, que incluso él repite en el monumento funerario del papa Alejandro VII (1673).
Tumba de Alejandro VII

En la Capilla Cornaro de la iglesia romana de Santa Maria Della Vittoria Bernini crea un magistral espacio escenográfico donde conjuga escultura, pintura y arquitectura: el Éxtasis de Santa Teresa. 

La capilla combina mármoles de colores, jaspes y bronce. La parte alta de la capilla aparece rematada con un conjunto de ángeles. A ambos lados, grupos de personajes de la familia Cornaro participan curiosos en la contemplación de la escena, como si de un palco se tratara. En su interior , como en un teatro, se coloca la escena que  representa el Éxtasis de Santa Teresa iluminada por la ventana oculta en la parte posterior. 

La Santa parece flotar sobre una nube. Bernini escoge el momento del trance, en espera de que el ángel de enigmática sonrisa, traspase su corazón con la flecha. Santa Teresa de Ávila escribía al respecto “ Tan real era el dolor que suspiré varias veces en voz alta y, sin embargo, era indescriptiblemente dulce, de forma que no podía desear verme librada de ello”. Es este momento de éxtasis y emoción lo que Bernini capta y refleja  perfectamente en el cuerpo lánguido, manos y pies abandonados, la cabeza caída hacia atrás, la boca entreabierta.

 El tema del éxtasis volverá a ser protagonista en una obra de Bernini, la Beata Albertoni, con idénticos resultados.

Otra de sus obras es la Cátedra de San Pedro, colocada bajo el ábside de la basílica, como una reliquia en donde todas las artes se funden para lograr una grandiosa apariencia. La silla se recubre de bronce, se coloca en un punto de vista elevado  sobre las figuras de los patriarcas de la Iglesia y un coro de ángeles dorados sobrevuela el conjunto en torno a un transparente donde aparece representada la paloma del espíritu Santo.
Bernini participó activamente el la reforma urbanística de Roma no sólo como arquitecto sino como escultor.
 Va a realizar numerosas fuentes que contribuyen a la ornamentación de la Ciudad Eterna: la fuente de la Barcaza, en la Plaza di Spagna, , la Fuente del Tritón en Piazza Barberini, la Fontana delle Tartarugue en Piazza Mattei y algunas más. 
Fuente de la Barcaza

Fuente del Tritón, en Piazza Barberini

Fuente de las Tortugas, Piazza Mattei


Pero de entre ellas destaca la Fuente de los Cuatro Ríos en Piazza Navona, un espectacular conjunto en la parte central de esta plaza barroca en la que representa cuatro grandes ríos de la tierra : el Nilo, el Ganges, el Danubio y el Río de la Plata, a través de cuatro figuras masculinas de poderosa anatomía que rodean una gruta. El conjunto se decora, como muchos otros espacios urbanos romanos, con un obelisco egipcio coronado con una paloma, imagen del Espíritu Santo. La fuente no sólo confiere un aspecto monumental a la plaza sino que ambienta con el murmullo del agua.

Bernini fue el referente de la escultura barroca no solo italiana, si no europea hasta el siglo XVIII. Otros autores romanos influidos por él fueron Alessandro Algardi y Francesco Duquesoy. De Algardi es el relieve del Encuentro entre León I y Atila  y de Duquesnoy es el San Andrés de San Pedro del Vaticano, inspirado en el Longinos de Bernini.





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