martes, 18 de marzo de 2014

ARQUITECTURA BARROCA ITALIANA



ITALIA
La sede de la cristiandad es el símbolo espiritual del Catolicismo y
se convierte en un mito del arte barroco debido a las 
modificaciones y construcciones que se levantan durante este período.

Con el Papa Sixto V (1585-90) se lleva a cabo una reforma urbanística en la ciudad, trazando calles rectas y anchas, con amplias plazas que destacan las fachadas de las iglesias y obeliscos que señalan los lugares más importantes. Fuentes de enorme tamaño , escultóricas y teatrales, decoran las plazas. Desde la plaza de San Pedro a la Fontana di Trevi toda Roma se llena de recursos escenográficos , ocupando fachadas de palacios e iglesias y sus fantásticos interiores.

ARQUITECURA BARROCA ITALIANA
El Barroco surge en Italia y aquí se hallan los prototipos de la arquitectura barroca. La arquitectura italiana se distingue por el empleo de la columna, la decoración de mármoles polícromos, bronces, mosaicos…Es una época colorista y lujosa.
El primero período es el del barroco más calmado y contenido, el más clasicista, hasta 1630
Carlo Maderno (1556-1629) destaca en este primer período. Termina la Basílica de San Pedro confiriéndole finalmente planta basilical, abriendo capillas laterales y con una fachada donde emplea el orden gigante y un robusto ático, que oculta en parte la cúpula de Miguel Ángel, a pesar de que concibió dos torres a ambos lados para enmarcar su visión, torres que no se llegaron a realizar.
La iglesia de Santa Susana, en Roma, sigue el ejemplo de la fachada del Gesú, pero le da mayor esbeltez y plasticidad, es decir, más volumen, a sus dos cuerpos unidos por aletones. La cercana iglesia de Santa María della Vittoria, de Soria, sigue un esquema semejante.



Pero de 1630 a 1700 entramos en el auténtico barroco, con un protagonista, Bernini. La decoración se desborda en esta etapa.
Gian Lorenzo Bernini (1598-1680)  es un artista que sigue el modelo renacentistas: arquitecto, escultor y pintor, trabajará siempre muy ligado al Papado y sus obras le darán a Roma el aspecto de ciudad barroca y triunfal.
En uno de sus primeros encargos, el Baldaquino de San Pedro, realiza una obra arquitectónica. Trata de focalizar la atención en la cúpula de Miguel Ángel, situando el baldaquino justa debajo, ya que con la ampliación de Maderno el espacio se había hecho inabarcable.




El baldaquino se levanta sobre cuatro grandes columnas salomónicas y el remate en brazos curvos que soportan una rica decoración.  A medida que el espectador se acerca, la estructura cobra vida y muestra la decoración que la recubre : ángeles y niños que cubren el dosel , el globo terráqueo con la cruz, las ramas de olivo que cubren las columnas y las abejas símbolos de Urbano VIII, promotor de la obra.
El siguiente Papa, Inocencio X, no cuenta con él y se dedica a realizar esculturas. Con el Papa Alejandro VII realizará su mayor obra, la Columnata de la Plaza de San Pedro,1656-1667,  que Bernini concibe como un gran atrio, destinado a la celebración de ceremonias con miles de peregrinos , en forma escenográfica, teatral y grandiosa con la basílica al fondo, cuya fachada se halla realzada por la suave pendiente de la plaza. Además el papa puede ser contemplado desde cualquier punto.

 Bernini crea un espacio dinámico al dotar de planta elíptica  a la inmensa columnata, que recibe como un gigantesco abrazo a los fieles. Las columnas de orden toscano de 15 metros de altura , alineadas de cuatro en cuatro, en mármol travertino, crean un fuerte efecto de claroscuro y tras atravesarlas como si de un bosque de columnas se tratara, el efecto sorpresa al contemplar la plaza y la fachada es evidente.Remata la columnata por una balaustrada con esculturas de 140  santos y mártires.
Pero Bernini no solo logró realzar la visión de la fachada de Maderno si no también de la cúpula de Miguel Ángel, que había quedado parcialmente oculta por la fachada. Concibe un espacio de brazos rectos pero divergentes hacia la fachada, que ascienden en terrazas. Bernini , gracias a una serie de recursos ópticos, resta horizontalidad a la fachada y convierte la cúpula en el eje visual dominante. Al situar un obelisco en el centro de la plaza, consigue que el espectador se desplace para observar la cúpula desde distintos puntos de vista.
Bernini se convirtió con esta plaza en el precursor del urbanismo barroco, creando una arquitectura dinámica e integrada con el entorno.
Ya en su madurez y tras haber sido solicitado en Francia para trabajar  en los proyectos en el Louvre ,donde hizo el baldaquino de la iglesia de Val-de-Grace, realiza algunas iglesias entre las que se encuentra Sant´Andrea al  Quirinale, uno de los mejores ejemplos del uso escenográfico , mediante la unión de arquitectura, escultura y  ciclos de pintura, para lograr un clima emotivo . Se abre hacia el exterior una fachada en un pórtico curvo , coronado por un entablamento también curvo y relmatado en volutas que sostienen el escudo de la familia Pamphili. 
Todo es dinamismo en esta obra: su planta  es elíptica y los muros de su única nave sostienen una cúpula de base elíptica también. Los vanos horadados en la base de la cúpula van rematados con esculturas de ángeles. La linterna de la cúpula confiere un ambiente lumínico al espacio unitario, cambiante según la hora del día. 

Los nichos que se abren en el muro a modo de pequeñas capillas ,alternan plantas rectas y curvas. Todo el espacio interior se cubre de ricos mármoles polícromos, bronces dorados…que reflejan la luz del sol.



Bernini trabajó también en otras iglesias como Santa María de la Asunción en Arciccia o en construcciones civiles como el Palacio Barberini o el Palacio de Odescalchi.
Realizó también el el Vaticano la Scala Regia, donde obtiene un espacio ilusorio, utilizando un trompe l´oeil , por medio del empleo de la iluminación y las formas clásicas, ya que va haciendo converger las columnas y las va adelgazando , haciendo parecer la escalera más larga de lo que es.


Francesco Borromini (1599-1667)
Arquitecto dotado de una gran formación técnica y gran creatividad que le permitirá romper con la tradición, influye hondamente en la arquitectura europea con sus innovaciones.
Su carácter depresivo influyó en el hecho de que consiguiera muchos menos encargos que su coetáneo Bernini y consiguió encargos más modestos pero sus obras, a pesar de ser de reducido tamaño, reflejan una gran pureza.
Una de las obras que refleja mejor su estilo es San Carlo alle Quattro Fontane , conocida como San Carlino

La iglesia y el claustro ( 1638-41) son su primera obra y la fachada es la última (1665-1667). La iglesia se levanta sobre un solar pequeño e irregular y Borromini concibe una planta ovalada y llena de sinuosidades. El muro, con sus ondulaciones, es el que da unidad espacial al edificio. Las dieciséis columnas de orden compuesto contribuyen  a darle ritmo al muro  y junto con el entablamento que sostienen, confieren mayor sensación de unidad al conjunto.Un espacio intermedio sobre el entablamento, a base de arcos de medio punto y pechinas sostiene la cúpula, oval, decorada con casetones geométricos que disminuyen de tamaño a medida que ascienden siguiendo las leyes de la perspectiva y haciendo la cúpula parecer más alta de lo que realmente es. Los juegos de luces crean la sensación de que la cúpula brilla suspendida en el espacio.
Por último la fachada se concibió en dos pisos que combinan orden gigante y columnas normales. Se sitúa en una calle angosta y debe adpatarse a una perspectiva forzada dsdee los ángulos y a un cruce de calles donde las esquinas están achaflanadas.  Combina el sentido horizontal del piso inferior con la sensación ascendente que confiere el gran medallón al piso superior y toda la fachada queda envuelta en un juego de curvas y contracurvas , salientes cóncavos y convexos que crean una fachada de inusitado dinamismo, un espacio de exuberante fantasía en lo decorativo que abarca hasta el más mínimo detalle.
En el Oratorio de los Filipenses Borromini diseña una fachada cóncava, excepto en el centro del primer piso. Es un ejemplo del urbanismo de fachadas de la Roma de Sixto V.

En la iglesia de San Ivo alla Sapienza , en la universidad de Roma, levanta una fachada al fondo de un patio, que atrae la mirada con una gran curva cóncava a la que se contrapone la cúpula que se desarrolla en espiral. Le concibe una planta estrellada prolongada en la cúpula.
También trabajó Borromini en la remodelación de la Piazza Navona al levantar la iglesia de Sant´Agnese . La concavidad de la fachada queda enmarcada por dos recias torres  y por la impresionante cúpula que la corona.


Sant ´Ivo alla Sapienza


 SAN JUAN DE LETRÁN
Borromini realizó muchos otros encargos como la reconstrucción de San Juan de Letrán, San Andrea delle Fratte, el Colegio de Propaganda Fide o el Palacio Spada, donde inspirándose en Palladio crea una columnata que con un ingenioso trompe l´oeil parece mucho más larga de lo que es.

Pietro da Cortona (1696-1669) es otro importante arquitecto y pintor romano. En su obra muestra preferencia por los elementos plásticos y los contrastes lumínicos que generan columnas y pilastras. Las fachadas se insertan en la ciudad, como el magnífico pórtico de Santa María della Pace, con con alas cóncavas de telón de fondo y un cuerpo convexo que sale al encuentro del espectador al fondo de la pequeña calle que la alberga.

El tardobarroco romano tiene sus mejores ejemplos en arquitectos como Francisco de Santis con su escalinata de la Piazza di Spagna crea un espléndido conjunto escenográfico y urbanístico y Nicola Salvi, con la Fontana di Trevi, fachada palaciega que se convierte en fuente, y que con su gigantesco tamaño invade una plaza de reducidas dimensiones.
Fuera de Roma, en Venecia , persiste la influencia de Palladio. Longhena (1698-1682) incorpora las preocupaciones de Bernini y Borromini conjugadas con motivos palladianos. En su iglesia de Santa  María della Salute crea un espacio centralizado donde se impone una gran cúpula apoyada en unos remates en espiral de fuerte plasticidad.
En el Piemonte destacan Guarino Guarini , que emana fuerte influencia de Borromini en obras como la capilla del Santo Sudario de la catedral de Turín o el palacio Carignano.
De la última generación de arquitectos romanos destaca Filippo Juvara (1678-1736) que diseña el nuevo Palacio Real de Madrid en un barroco académico ; a su muerte será Sacchetti quien continúe su labor.

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