viernes, 8 de enero de 2010

ARTE CAROLINGIO

El Imperio carolingio fue, de la mano del emperador Carlomagno en el año 800, un intento breve de restauración de la idea imperial y de recuperación del pasado romano en tierras germanas , bajo el signo del Cristianismo. El sueño de Carlomagno fue el de crear una nueva Roma en Aquisgrán. Para propulsar esta idea de “renacimiento” puso el arte y la cultura a su servicio. En sus deseos de emular al emperador romano Constantino, llamó a los sabios más importantes de la época y los reunió en Aquisgrán. Sus contactos con Rávena y Bizancio llenarán el arte carolingio de estas influencias tardorromanas y bizantinas aunque el arte carolingio adquirió un carácter propio, planteando en arquitectura nuevas tipologías como el monasterio o el palacio imperial. Fue un arte áulico, al servicio del poder. Los monasterios van a ser el otro gran centro de poder y también de difusión de la cultura, prueba de ello es que se construyeron más de cuatrocientos monasterios entre 768 y 855. En tiempos de Carlomagno se sitúa el nacimiento de un sistema de organización sociopolítico que durará cientos de años: el Feudalismo.
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exterior gótico de la capilla palatina



Capilla Palatina de Aquisgrán
Carlomagno quiso construir un palacio que rivalizara con Roma en Aquisgrán. Del conjunto se conserva la Capilla Palatina, construida por Otón de Metz entre 790 y 805, aunque exteriormente fue reconstruida en estilo Gótico. El edificio, de planta centralizada, recuerda a San Vital de Rávena: un octógono central rodeado de una nave cuyos muros externos forman un polígono de 16 lados. Las arcadas que rodean al octógono están organizadas en  tres niveles y flanqueadas en cada lado por un grueso pilar. El octógono se cubre con cúpula de piedra que apoya en los pilares y en las bóvedas de crucería de la nave inferior y de cañón de la superiores, construyendo así un inteligente sistema de contrarrestos que recuerdan al arte bizantino. Le diferencia de Bizancio, en cambio la sensación de solidez que transmite la iglesia, opuesta totalmente a la incorporeidad de las iglesias bizantinas, y que le acerca más al clasicismo y robustez el arte Románico. Por último comentar la elegancia y sencillez de la decoración, centrada en la alternancia de color en las dovelas (detalle que encontramos en edificios tan distantes y dispares como la Mezquita de Córdoba, casi contemporánea, o la románica Santa Magdalena de Vezelay en Francia) y por supuesto en la utilización de ricos mármoles polícromos, bronces o mosaicos que decoran las bóvedas.





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